Adviento

CELEBRACIÓN

Es una celebración sencilla y solemne que a menudo se lleva a cabo en una sala en penumbra. En el salón reina el silencio, tan solo interrumpido por una suave armonía de fondo. Una gran espiral de ramas de abeto con una vela en su centro preside el centro de la sala. Niños, madres, padres y maestros desfilan de uno en uno portando una vela apagada por la espiral de Adviento de fuera hacia dentro. Una vez llegan al centro de la espiral, encienden su vela, comienzan de nuevo el camino hacia el exterior y dejan su vela en uno de los lugares marcados con una estrella

Este momento simboliza el camino que cada uno de nosotros hacemos con voluntad hasta encender nuestra luz interior. Esta luz iluminará al resto igual que su luz nos iluminará a nosotros.

 

Espiral de Adviento

Lo que mueve en los niños

Una forma de lograr un estado de ánimo adecuado para el Adviento y la Navidad es a través del trabajo de algunas virtudes.

Virtudes que en nigún momento han de ser explicadas al niño de forma explícita como un sermón. Éstas no han de ser más que una experiencia, una vivencia más de ésta época del año. 

Así a través de nuestro ejemplo, los niños estarán bien dispuestos hacia los buenos hábitos de esta época.

La anticipación y la espera. A menudo el final del año supone para el adulto un momento de nuevos propósitos en el que nuestros deseos se apresuran hacia el futuro. Es entonces el momento de parar y esperar.

Los niños experimentan esta espera a través del calendario de Adviento, cuando no pueden abrir todas sus ventanitas el mismo día. O ante la llegada de sus ansiados regalos el día de Reyes o Papá Noel. También si horneamos galletas navideñas que solo comemos en esta época del año.

En casa por ejemplo, tenemos la tradición de comenzar a leer nuestro libro de cuentos navideños el primer domingo de Adviento, y no antes.

Escuchar. Experimentar el silencio al amanecer, o la quietud a última hora de la noche es algo que el adulto puede hacer.

El niño experimentará esta escucha en el momento del cuento, por ejemplo.

Mirar con asombro. Son dos virtudes que a menudo hemos perdido como adultos. Observar sin juzgar y asombrarnos en lo cotidiano.

El niño cultivará su asombro al observar con reverencia el nacimiento o Belén. Esas figuras confeccionadas a mano, delicadamente situadas y lo que allí representan. No son figuras para jugar, no es un escenario de juego. Es una ventana a la reverencia y el asombro.

El trabajo del adulto durante el Adviento

Después de haber disfrutado de la alegría y el regocijo de la luz y el calor del pleno verano, la luz comienza a desvanecerse poco a poco. Entonces el alma humana se refugia cada vez más en sí misma, y en la época más oscura del año quiere encender su luz interior.

Cada año, cuando nos acercamos a la Navidad, hacemos un esfuerzo por absorber la luz exterior y transformarla para ser iluminados por dentro y poder irradiar esta luz hacia fuera. De este modo, los otros pueden sentir la tranquilidad, el amor y la calidez que brotan de nuestra persona como una bendición.

Así en Navidad, culminamos un proceso que venimos construyendo silenciosamente durante meses. El Adviento es tiempo de trabajo personal. En el ajetreo diario intenta robar algunos minutos a tu vida cotidiana para enfocarte. Quizás recitar un verso pueda ayudarte. Y así, esto puede iluminarte durante el día y ayudarte a encontrar la actitud adecuada para tu día a día. Quizás a través de este trabajo, se enciende una luz en ti y ahora puedes entender algo que no entendías. O tal vez comiences a brillar con entusiasmo contagiando a otros de tu luz.

El niño pequeño podrás así experimentar nuestra actitud correcta a través de nuestro comportamiento y nuestro gesto, y no de nuestras palabras.